María y la búsqueda de la maternidad

Hola, amigas, hola, lectoras queridas, hola, compañeros :

Hace tanto tiempo que no aparezco por aquí que muchas podéis creer que he desaparecido definitivamente. No, no os preocupéis: si algún día tengo la necesidad de decirle al mundo que no hay un lugar para María en mí, os avisaré a todos de esa decisión. Como la mayoría sabéis, María nació de una necesidad de explicar y de integrar en mí los sentimientos que me producía el amor por una mujer (algo más difícil de integrar que la pura atracción física y erótica por muchas otras mujeres). Ahora María soy yo, en cuanto a que ya no me supone ningún problema sentir lo que siento.. y porque Laura, origen de mis conflictos más por ser amor que por ser mujer, ha desaparecido de mi vida como fuente de estrés o de tensiones, no como la persona que sigue existiendo tan cerca físicamente de mí como antes.. pero a una apropiada distancia emocional.

Algunas lo sabéis, porque lo observé hace tiempo, hace años, en estas mismas páginas: lo que yo esperaba de Laura tenía mezcla de amor romántico y erótico con una necesidad de admiración. Necesitaba ser “quien todo lo puede”, para alguien.. analizado desde otra perspectiva, casi sonaba a necesitar ser el galán que sacase de apuros a una frágil princesita, que me admirase profundamente.  Ese nunca podía ser el punto de partida de una relación adulta o entre iguales… y poco a poco fui dándome cuenta de que esa necesidad de ser tan biológicamente importante para alguien se llamaba “maternidad”. Lo único que faltaba por encajar era el hecho, biológicamente imprescindible también, de entender que esa supermamá iba a serlo por muy poco tiempo: el tiempo que tardan los propios hijos en darse cuenta de lo que pueden hacer por sí mismos y exigen poder hacerlo a las propias madres, algo que me vendría bien asumir antes incluso de que sucediera. Enseguida entendí que ese anhelo de maternidad era físico, incluía el deseo de engordar mucho, de ensoñarme en un embarazo, de estar cansada y dormir, de desconectar de la energía de la vida productiva, de sentir la piel en contacto con la propia piel, de notar un agotamiento fuera de todos los límites conocidos hasta ahora.

Tuve la suerte de que Dante lo abordó como un paso nuevo y quizá bonito en nuestra vida común, redescubierta después de la profunda crisis. De que quiso venir conmigo y, esta vez sí, formar parte de todo, de las dudas, las ilusiones y los miedos. Fue hermoso que fuera así, porque los vivimos en muy pocos meses, cuando las alarmas empezaron a decir que era muy raro llevar tantos intentos sin conseguirlo, cuando la medición de la hormona nosecuántos indicó que pasaba algo, cuando los médicos empezaron a mirarnos con aquella cara de paciencia y cariño que te da tanto miedo cuando eres paciente. Entonces comienzas a mirar al mundo (y a la sanidad pública) con otros ojos. Comprendes que marcharse de vacaciones a un lugar exótico y paradisiaco para desconectar hará embarazarse a otras parejas en un sueño inconsciente, mientras que tú, si lo consigues, estarás rodeada en ese momento de batas blancas, de terceros y cuartos, de pastillas, inyecciones y normas a seguir. También que habrás hablado con tu pareja de muchas otras cosas.. y firmado una serie de efectos secundarios con los dedos cruzados y tratando de hacer como si no los hubieras visto… excepto para saber reconocerlos.

Desde un primer momento, mi anhelo de maternidad, más difícil de conseguir que el de otras mujeres, pero posible de lograr gracias a la ciencia médica, ha estado respaldado por una solidaridad preciosa entre mujeres: una médica encantadora que te cuenta que, si tienes la mínima sospecha de estar embarazada, no debes donar sangre y que ella está en ese mismo momento, dos enfermeras que te hacen una prueba y te dicen “mucho ánimo, ya verás como en muy pocos meses estás aquí para una eco en vez de para esto”, asistentes de antipáticos doctores especialistas en reproducción (¿cómo pueden elegir para ese trabajo a personas con la empatía de una lata de sardinas?) o farmacéuticas que te abren la puerta un sábado por la tarde o un día de semana a las nueve de la noche para que puedas empezar el tratamiento exactamente cuando lo necesitas.

Ahora, año y medio después de los primeros intentos fracasados, la lista de espera se me empieza a hacer larga. Ya sé que antes de enero difícilmente me llamarán para un nuevo tratamiento. He escrito un pequeño diario, he dado forma a mis sentimientos sin hablar de ellos más que con mi pareja y algunos intimísimos amigos (quería evitar tener que dar el parte médico a demasiadas personas y pasar por el trance de comunicar fracaso tras fracaso, teniendo finalmente yo que consolar a los demás), pero finalmente he pensado que necesitaba una ventana para expresar lo que me sucedía, superar las distintas etapas afrontando la posibilidad de un fracaso definitivo  y, como siempre, esperar que sirva de ayuda a otras mujeres que estén viviendo el mismo momento que yo.

Un abrazo a todas.

 

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¡Vivan las novias!

Llevo oyendo oír hablar de su boda en mi Facebook durante varios meses y no he podido resistirme a mandarles esta carta de amor por su amor, para que la lean juntas al despertar, para que, de alguna forma, acompañe sus vidas.

Es para la bloguera “Entendemos” y su novia y futura mujer. 🙂 🙂

 

“Queridas chicas:

Yo sé que a vosotras os gustaría oír que esta es una boda como todas las demás; un homenaje sencillo a las personas que os quieren y a las que les hace tanta ilusión oíros decir que os queréis, que queréis formar una familia y seguir construyendo una vida juntas. Pero en el mundo que hemos creado, tan deficiente a veces en lo que respecta al amor, esta no es una boda cualquiera, sino un paso adelante para toda la sociedad, que ha tardado mucho en quitarse la venda de los ojos, en proclamar ante todo el mundo que el amor siempre es amor.

Mientras esto terminaba de suceder, vosotras no habéis podido ser solamente dos personas más que se descubrían la una a la otra, que se gustaban, que se sonreían pícaramente, que notaban en el roce de sus rodillas el cosquilleo tímido que nos dice “es esta persona y lo sé”. Habéis tenido que ser valientes desde el primer día, desde que empezaron esos sentimientos que la sociedad os había enseñado a entender como amor, pero para los que faltaba un modelo de conducta; ese modelo que durante mucho tiempo la sociedad solamente construyó con el esquema de amor entre hombre y mujer.

“Hombre y mujer los creó”, dijo la Biblia hace muchos años. Vosotras decís hoy, con la frente muy alta, con la sonrisa puesta y la mirada cariñosa, que a vosotras os creó mujeres, mujer y mujer. Valientes, decididas, enamoradas, felices, conmovidas ante una nueva vida en la que ya no seréis más una sola, en la que sentir, respirar y entender el mundo es algo que siempre estará asociado a cómo lo siente y lo entiende quien respira a nuestro lado, a nuestro mismo ritmo.

Gracias por este regalo que hacéis a la sociedad en forma de vuestro cariño, ese amor que queréis compartir con el mundo. Ojalá recibáis de él muchas manifestaciones de amor. Nunca sabemos qué nos depara el destino, las dificultades que nos traerá la vida. Pero a vosotras, sin duda, os va a traer una sonrisa especial. Porque sea lo que sea lo que os toque vivir, vuestra voluntad de permanecer juntas empezó como un desafío y seguirá dándoos fuerza en ese mundo que, cada día, cambia y mejora un poquito más cuando dos personas que se quieren comparten su amor con todos nosotros. Gracias de corazón, chicas. Toda la felicidad del mundo parece poca al lado de la que yo deseo para vosotras “.

 

 

 

 

 

 

 

 

Un pequeño paso por la visibilidad

Ya me había fijado en ella el año pasado: ese pelo corto, la ropa estilo chico, una personalidad que se ve suave camuflada bajo ademanes cuidadosamente maquillados para parecer un poco bruscos. Destacaba entre las demás chicas de ese taller y me pareció apreciar una sonrisa especial por su parte en la semana en la que compartí en redes sociales las “reflexiones de un profesor gay fuera del armario”.

Hoy estaba sentada con una chica, básicamente una sobre la otra, en esa zona del edificio donde los chavales mayores que van se ponen a fumar aunque, en realidad, esté prohibido. Las vi y aprecié que, a pesar de estar en su nube romántica, en realidad se habían situado en una zona muy visible.

No lo dudé mucho. Pasar de largo, dejarlas “en su intimidad” era una forma de hacerlas invisibles. Y, si estaban allí, no era para ser invisibles, sino para dejarse ver. Otros dirían “para dar que hablar” y puede que hasta sea posible.. y desde luego es muy necesario mientras siga habiendo gente que piense eso.

“Ya podría para de llover ¿verdad, chicas?”

Saludaron, se volvieron sonriendo, sin desatarse de su bonito abrazo, sentadas a lo largo del banco. Hablamos un poquito de los planes de la tarde y el terrible mes de mayo para los estudiantes. Recogí y me fui, sin olvidarme de desearles un bonito fin de semana.

Diría que se quedaron contentas, pero yo me fui más feliz aún que ellas… Emoticón smile Qué bonitas estaban.

Una gota de ansiedad

En el mar en calma que es mi vida ahora, en un momento en el que todo parece conducir de forma sencilla de un día hacia el siguiente, de una alegría a otra, en un tiempo y espacio que combina a la vez cotidianidad y novedad, sí hay una gota de ansiedad. Esta gota de ansiedad no tiene que ver con el amor de pareja, pero sí con ciertas decisiones acerca de cómo se quiere llevar la vida de adulto… y si esto es posible.

Estamos en ese momento en el que todo podría ser posible, pero la vida te va a conducir hacia un lado o hacia otro, pero no hacia los dos al mismo tiempo. Y en el punto en el que nos encontramos, hay más de azar que de elección en ambas posibilidades.

La gota de ansiedad se gesta a diario en páginas no escritas de una vivencia descrita por muchas personas como algo muy duro, pero que a mí, después de haber vivido el dilema de definirme como lesbiana o bisexual, después de haber caído sobre nosotros la enfermedad y la dependencia de esta persona de nuestra familia (como os contaba por Marzo), me resulta más sencillo de gestionar que otras muchas cosas. El otro día leí un artículo sobre cómo sobrellevar bien esta situación y me sorprendí enriqueciendo el texto con las distracciones y las desconexiones que he ideado para mí misma.

No, no os lo puedo contar. Esta vez no. Ya sé que parece paradójico que os haya podido contar todas las intimidades de mis sentimientos homosexuales durante más de dos años y que ahora esto no lo pueda compartir, pero en este caso sí he prometido a una tercera persona que guardaría el secreto, cosa que hago con amor.

Por otro lado, Ángel (sí, lo sé, todas y todos habíais adivinado ya que se trataba de él) supo poner la distancia correcta antes de atraparse más de la cuenta. Ni siquiera necesitó una conversación para entender que la respuesta iba a ser “no”, un “no” que podría ser el punto de partida de cabreos o incomodidades que a ninguno de los dos nos merecía la pena vivir. Ahora, cuando escribe desde los cientos de kilómetros que nos separan, noto que sigue rellenando su hueco emocional y que el tiempo que pasó trabajando entre nosotros le sirvió realmente para reconstruir sus bases, para volver a decir “esto es lo que quiero”, tanto en su vida profesional como en la personal. Personalmente, me enorgullece muchísimo que esto sea así, que no se haya generado una situación de enganche doloroso para ambas partes, como la que yo viví con Laura.

Cualquiera que observe mi vida real desde fuera, las jornadas del trabajo regulado y normativo sumadas a las del trabajo de mis sueños, el activismo y los compromisos personales (amistad, familia, dependencia) se sorprendería de que me refiera a este periodo como “el mar en calma” con solamente “una gota de ansiedad”. Pero es así y si esto es posible, vosotras habéis tenido mucho que ver, ayudándome en la etapa anterior, ayudándome a salir de la tormenta.

Un abrazo, chicas. La próxima vez prometo no tardar tanto en reaparecer… 🙂

La ex-novia de Gustavo

No somos amigos, pero amigos comunes nos acercan.

Lo está pasando mal desde que ella le dejó. Le dejó a medias, como suelen hacerse estas cosas cuando existe un entorno con demasiados amigos comunes y es difícil dar el paso de alejarse de verdad.

Le veo atrapado en la espiral tóxica de intentar acercarse, de evocar el tiempo juntos, de suplicar el retorno, de utilizar a los amigos como testigos de su “verdadero, único, inquebrantable amor”. Le veo humillarse inútilmente y perder el respeto por sí mismo. Y me jode, porque entiendo que si diese el paso de no dejarse chantajear por los recuerdos y por la cercanía de esta chica, si la diese por perdida y se dedicase a reconstruir su vida, seguramente se encontraría bien. Además, si lograse aprender a estar solo y supiese diferenciar el vínculo amoroso de lo que es proyectar inútilmente algo que ya nunca será, tendría estrategias mejores con las que abordar su vida y ser más feliz.

Supongo que esto es lo que yo debería haber visto en mí en 2012… un único “no” debería bastarnos para dejar de insistir, para alejarnos en la medida de lo posible (porque siempre es posible; pues la verdadera distancia se pone por dentro). Pero me dejé atrapar en la misma espiral por Laura.. porque es algo que no tiene que ver con nuestra capacidad intelectual, con nuestra inteligencia: no, te dejas atrapar porque eres humano, porque sientes, porque imaginas.

Evocaba el otro día a su chica cuando despertaba, medio dormida, por las mañanas. Sus ruiditos, su belleza. Ahí sí que le entendí y ahí sí que hubo una punzada de nostalgia.. Puedo vivir feliz cada día al lado de quien estoy, puedo disfrutar de los momentos juntos y de haber aprendido a querernos de verdad. Pero es cierto que despertar al lado de una mujer, sentir su perfume y la suavidad de su piel y su respiración tan cerca es una experiencia maravillosa, única. Ahora bien.. ¿de qué la nostalgia si entre nosotras jamás hubo algo que pudiera acercarse a una noche de amor, aparte de dormir abrazadas? Deseché el pensamiento, porque era un recuerdo inventado de algo que nunca existió.

Supongo que a él también debería decirle que dé el paso. Que todos hemos vivido una sensación similar alguna vez en nuestra propia historia personal. Que es único e irrepetible a pesar de sus debilidades, que inevitablemente habrá otras chicas en su vida y que lo único que debería ser capaz de hacer es de asumir la ruptura como algo real, dejar de pelear por ella, comenzar a pensar en sí mismo y lo que necesita, y reconstruirse.

Tengo amigos y amigas inteligentes y sensatos.. pero ahora veo que nadie se atrevió a decírmelo a mí en aquel entonces, con esas palabras: “Ya te han dicho que no. Ahora aléjate. Rápido”. ¿Es tan difícil separar las relaciones sanas de las tóxicas? Quizá ahora lo veo todo más nítidamente porque en realidad he vivido pocas relaciones tóxicas y Laura fue la única persona que, al lograr que me toxificase yo entera, me hizo capaz de reaccionar diciendo “no quiero repetir esta sensación”.

No sé casi ni cómo concluir el párrafo. Pero echo en falta en las escuelas que nos ayuden a identificar las sensaciones, las emociones, la influencia de las personas.. quizá no llegaríamos a adultos con tantas lagunas.

Papá

“Papá” es papá desde hace poco.

Nos sorprendió mucho cuando se decidieron, cuando él y ella nos contaron con un mailito muy cariñoso que estaban embarazados.

Mamá está tan hueca y deslumbrada con su nuevo bebé que ha perdido un poco el contacto con la realidad.

Papá, un gigante de casi dos metros de alto, resulta curioso de observar con su pequeña en los brazos o las rodillas. La observa con frecuencia y sonríe con una cara de tontorrón antes nunca vista… pero intenta que no se le note.

Su bebé es la niña más bonita que hemos visto nunca Dante o yo y eso que, por nuestra peligrosa franja de edad, estamos totalmente rodeados de familias con niños. Es casi imposible no hacer mención de la preciosidad que es la cría, con sus ojos enormes, la naricilla y mejillas redondas, la sonrisa, la cabecita suave.

Pero el otro día me di cuenta de que papá ha eliminado la palabra “guapa” de su vocabulario. Me sorprendió. Pensé que sería casualidad y probé otro par de veces. Pero la palabra no salió de su boca y entendí que era una decisión consciente.

“Es una niña muy alegre, estamos contentos. También es sociable, simpática. Tuvo una temporada más tímida, pero ahora es más extrovertida. Duerme bien, le encanta comer… ¿qué más se puede pedir?”

Y me di cuenta de que me sentía muy orgullosa de que uno de nuestros mejores amigos intente desde el primer momento que a su hija se la valore por su carácter y personalidad y no por su aspecto físico o su belleza.

Qué bien lo estás haciendo, papá. Algún día este camino que has adoptado será muy importante para la autoestima de tu nena… Ojalá no tengas miedo de profundizar en él.

Apocalíptica e integrada…

¡Chicas! ¡Chicos! Buenos días.

Sí, lo sé. Lo menos son tres meses desde que no me leéis por aquí.. quizá incluso sea más.

No han sido perfectos desde un punto de vista existencial… la verdad es que no. En estos meses se ha decantado un problema bastante grave y que concierne a mi libertad: una persona de mi entorno muy cercano ha caído en una situación de dependencia irreversible y con más probabilidades de empeorar que de mejorar. Una persona que nos ha requerido muchas energías.. e indudablemente las requerirá aún más en los próximos tiempos. Por eso os decía lo de “apocalíptica”..

Sin embargo, en estos tres meses yo he sabido quién era y qué quería hacer. Insisten mucho en que el infierno no está fuera de nosotros mismos y es cierto: ahora sé quién soy, por qué vivo como vivo, por qué he elegido lo que he elegido… y eso me aporta una valentía especial a la hora de encarar las cosas, las vivencias, el día a día.

Ahora nuestras vidas consisten en hacer más aceptable y admisible la vida de la persona enferma y, a la vez, por perder lo menos posible de nuestras propias vidas. En fin.. el apocalipsis ya está integrado.

Hace un par de meses, en los días en los que no tenía tiempo de escribir, leí este texto: Reflexiones de un profesor gay fuera del armario

Llevaba tiempo pensando que quizá esa fuese la fórmula correcta de explicar mi tendencia sexual a las personas a las que me apetecía contárselo sin dar la impresión de que les confiaba algo tremendamente íntimo. Quería poder hablar sin la pesada carga de la confidencia, de la revelación de algo muy especial. Lo puse en práctica no hace tanto, en un par de ocasiones no muy relevantes, pero también cuando tuve que hablar con mi amiga Marina de su nuevo novio.

¿Y por qué, os preguntaréis?

Pues porque el nuevo novio de mi jovencísima amiga Marina es una persona especial, muy inteligente y brillante… y yo le conocí en un remoto pasado en el que salió del armario un tanto a regañadientes para reconocer una relación sentimental con un chico de su edad. No, la verdad es que no eran exactamente una buena pareja y la cosa duró poco. Así que cuando Marina me explicó que estaban juntos, tuve que recolocarlo dentro de mi cabeza, pues desde aquella vivencia me lo había imaginado ya eternamente emparejado con chicos. Y no me sorprendió pensar “estos dos sí que pueden funcionar”.

Mientras Marina pensaba con rostro entre contento y feliz por el emparejamiento con tan interesante muchacho y se revolvía un poco por el miedo ante lo desconocido (alguien que tal vez pueda enamorarse en un futuro de otra mujer pero también de otro hombre) , me di cuenta de que necesitaba saberlo. De que la etiqueta “bisexual” sería mucho más asumible si si extendía a alguien a quien ella conociese y apreciase. Alguien como yo, por ejemplo.

No sonó a confidencia ni a revelación. No quise que pareciese ni siquiera importante. Pero Marina arqueó una ceja y dejó caer la cabeza; uno de sus gestos favoritos cuando has confrontado su pensamiento sin querer y un pensamiento se revuelve y deja paso a una luz nueva.

Es una chica maja. Y no dudo de que su nuevo chico y ella han sabido elegir bien, bien, tremendamente bien…